Autoexigencia vs Derechos de vivir

Autoexigencia vs Derechos de vivir

Autoexigencia vs Derechos de vivir 1200 801 Ares Zamora Psicología
  • ¿Qué has hecho este fin de semana?
  • Uff, nada. Tenía mucho trabajo por adelantar pero al final no he adelantado nada.
  • ¿Y qué has hecho entonces?
  • Bueno, el sábado fui con unas amigas a la playa, vimos el atardecer desde allí, cenamos y nos pusimos al día.
  • Entonces has hecho mucho.
  • ¿Qué he hecho?
  • Vivir.

Esta vez me he inventado el diálogo pero de forma parecida, lo he tenido otras veces. E igual que yo, mucha otra gente. A veces desde la sociedad se lanza un mensaje de superación constante, de ser eficaz todo el tiempo, de destacar por encima de todo y todos, de cumplir con mil tareas y obligaciones, de llegar a todo… Y entonces pasan cosas como las del diálogo. Que dedicar tiempo al ocio y tiempo libre se puede llegar a ver como una pérdida de tiempo.

Personalmente he conocido a personas que aparte de verlo una pérdida de tiempo, se han sentido incluso culpables por no aprovechar el tiempo libre adelantando trabajo. Son personas que entre semana van con la soga al cuello, que llevan mucha carga, que son perfeccionistas, autoexigentes, que tienen o se han adjudicado mucha responsabilidad… Y piensan: “teniendo todo esto por hacer… ¿me voy a ir de cañas 2 horas?”; “Habiendo esa montaña de ropa para planchar… ¿me voy a sentar al sofá a ver una película?”.  Piensan eso porque, entre otras cosas, se les ha olvidado que disfrutar y el descanso son derechos que tienen y merecen. Una vez un paciente que estudiaba oposiciones me dijo que se sentía mal por parar un poco el fin de semana. Que tenía tanto temario a estudiar, que parar, le parecía una barbaridad. Yo le dije que si quería, también podía dejar de dormir y comer para dedicar esas horas a estudiar más y más. Entonces se rió. Y comprendió que para continuar, también hay que parar.

Todo esto son cosas que a veces se nos olvidan a todos. Por eso he creado esta lista de derechos. Porque de saberlos, igual los sabemos. Pero recordarlos nunca está de más. Ni de menos.

Tienes derecho a…

  • Decir adiós al perfeccionismo. El perfeccionismo no suma, perjudica. Querer hacer las cosas bien está genial. Pero eso es una cosa, y otra muy distinta es querer hacerlo todo perfecto. Porque entonces entran en juego pensamientos tipo: “nunca es suficiente” o peor, “no soy suficiente”. La perfección no existe. E intentar alcanzarla tiene un precio muy alto. Somos humanos y como buenos humanos, hay cosas que nos saldrán mejor y otras peor. Días que podremos hacer más y días que menos. Así que repítete: “lo que he hecho hoy así está bien. Porque esto es lo que he podido o me ha salido hacer”.  
  • No superarte constantemente. Superarse es un concepto positivo. Nos lleva a mejorar y a sentirnos orgullosos de nosotros mismos. Pero como en todo, hay un límite. No necesitas superarte constantemente para ser válido, querido o apreciado. Eres válido, apreciado y te quieren por ser tú. Por ser como eres. Los que te quieren no lo hacen en función de cuánto te has superado hoy. Pues tampoco lo hagas tú contigo. Apréciate, valórate y quiérete siempre. En los días redondos. Y en los días cuadrados. Porque tus valores, tus fortalezas y tu forma de ser te acompañan siempre. Y esos son los que configuran tu esencia. Los que configuran como eres.
  • No llegar a todo. Sí, tienes ese derecho. Porque si nos ponemos a analizar qué es ese todo, a veces igual nos asustaríamos. Horarios imposibles, tareas que no caben ni doblando horarios… Lo de superman y superwoman mejor dejarlo para el cine. Para el resto, llegar a lo que se puede llegar. Y a lo que no, delegar. Y si no se puede llegar ni delegar, esperar. Lo importante seguro que lo haces. Lo demás, ya se hará.
  • Descansar y no hacer nada. Porque lo necesitas. Porque lo mereces. Si no descansamos, perdemos todas esas funciones reparadoras que tiene el sueño. Y así, es imposible nada. Al coche le pones gasolina para conducir. Sin gasolina no tira. Pues nosotros necesitamos dormir para poder seguir. Y no solo eso. También tienes derecho a no hacer nada. Que, como hemos visto en el diálogo, a veces no hacer nada es hacerlo todo.
  • Tener tiempo para ti. Todavía se tiene la creencia que dedicar tiempo a uno mismo es ser egoísta. Nunca más lejos de la realidad. Dedicas tiempo a tu pareja, a tus hijos, a tus padres, a tus amigos, a tu familia, a la gente del trabajo… ¿Y qué hay de ti? ¿A caso no eres importante? Cuida de los que quieres, pero no te olvides de cuidarte y cultivarte a ti. Si hay alguien que te va a acompañar toda la vida, esa persona eres tú. Así que egoísta sería no ocuparte de ti. 
  • A disfrutar. Este último derecho me encanta. A mí me llaman muchas veces disfrutona. Y es de los mejores cumplidos que me pueden hacer. Cuando miro al pasado no me acuerdo de las tareas hechas, de los días que ordené el armario o de las veces que fui eficaz. Cuando miro al pasado recuerdo veranos, risas, cenas, canciones, besos, sábados… Los recuerdos existen, porque un día los creamos. Así que entre tanta tarea, obligación y perfección, que no se nos olvide tener activa la fábrica de crear momentos. De crear, y de exprimir. Porque qué hemos venido a hacer aquí, si no es VIVIR.
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