Cuando en unos segundos cambia el rumbo de tu vida

Cuando en unos segundos cambia el rumbo de tu vida

Cuando en unos segundos cambia el rumbo de tu vida 2660 2660 Ares Zamora Psicología

Fue el 11 de mayo del año 86. Tenía 25 años y jugaba como delantero en la Unió Esportiva Lleida. Estaban en Segunda B de la clasificación que había en el fútbol por aquel entonces. Antes del Lleida había disfrutado de Segunda A con el Granada y con el ascenso del Baracaldo. El fútbol era su don, su profesión y su pasión. Era final de temporada. Quedaba un partido para terminar la liga. Empezaban las renovaciones. “Zamora está en un gran momento de juego” – decía la prensa. Y entonces llegó. Jugaban en casa contra el Lalín de Galicia. Minuto 20 del primer tiempo. Una entrada por detrás de un jugador del equipo contrario. Unos segundos. Unos segundos que lo cambiaron todo. “Es muy grave. Es una lesión de rodilla muy grave”, dijeron en el campo. Luego se confirmó en la clínica. “Hay que operar cuanto antes”. Y así fue. Trajeron al médico que operaba a los futbolistas de Primera, el Doctor Villarrubias. Y le operaron. La operación fue bien. Aunque ya se sabía que la rodilla no volvería nunca a ser como antes. La rodilla, ni él. Fue el fin de su carrera profesional como futbolista.

Han pasado 33 años. Me siento a hablar con mi padre para hacer este post. Me lo cuenta sereno, con perspectiva.  Ha pasado mucho tiempo. Pero hay cosas que no se olvidan. 33 años después y me lo cuenta como si hablara de ayer. Detalles, fechas, horas, minutos, palabras… Imagino que fue un golpe duro para él.

Me interesa saber cómo se sobrepuso a todo eso. La teoría es genial, pero es en los casos prácticos donde se observa la realidad. Así que se lo pregunto. Quiero saber cómo cambió todo, qué tuvo que replantearse, qué le dio fuerzas para salir adelante… “Quería recuperarme lo mejor posible y volver a jugar, aunque fuera de otra manera. Puse mucha fuerza de voluntad, constancia y miré hacia adelante. A los 6 meses y medio pude volver a jugar. Aunque ya era diferente. Tenía la rodilla más débil, ya no doblaba hasta atrás, no corría como antes… Ya no podía jugar en Segunda. Así que empecé a jugar en Tercera”.

Mirando recortes de prensa, encuentro una entrevista que le hicieron cuando llegó al Lleida. Le preguntaban cómo podía compaginar jugar al fútbol y estudiar la carrera de Derecho a la vez. Él contestó: “si te ocurre una desgracia y tienes que abandonar el fútbol, te quedas sin nada. Por eso yo estudio, para tener el futuro un poco más asegurado”. No sé si era consciente en aquel momento de eso, pero esa desgracia llegó. Ahora le pregunto sobre ello. “Tuve que replantearme las cosas, cambiar objetivos. Mi carrera profesional como futbolista se había terminado. Así que me marqué el objetivo de terminar la carrera de Derecho, buscar trabajo de lo que había estudiado y seguir jugando al fútbol pero de otra manera”.

Parece “fácil” al leerlo, pero poniéndome en su lugar debió ser muy complicado. Me comenta que antes de la lesión había tenido un contacto con un equipo para un posible fichaje. Pero con la lesión esa opción se desvaneció totalmente. También se tuvo que enfrentar a la probable posibilidad de que no le renovaran. Le pregunto cómo se enfrentó a eso. Me responde claro: “Asumiendo la situación”. Hace una pausa. “Me dije: no tengo la rodilla de antes, no puedo jugar como antes. No porque no quiera, sino porque no puedo. Quedarme con las lamentaciones inútiles y repitiendo día y noche por qué a mí, es perder el tiempo y me hunde. Tengo que pasar página, replantear y agarrarme a otras cosas”.  Mientras transcribo en mi libreta sus palabras se me hace un nudo en la garganta. Me lo imagino con 25 años y pienso en silencio que fue muy maduro y valiente. Termino de escribir. Me pregunta si necesito saber algo más. Y le digo con mirada de agradecimiento, “de momento tengo ya buen material”.

Cada persona es un mundo y cada situación también. Pero aunque no nos guste, tarde o temprano va a llegar algún revés. Y la gestión emocional que se hace en esos momentos es fundamental. Aceptar todas las emociones que vengan, escucharlas, entenderlas y permitirte sentirlas. Y si ves que te viene grande, cosa que sería lo más normal del mundo, pedir ayuda profesional. Porque según cómo se gestionen esas emociones en ese momento, los rumbos pueden llegar a ser muy distintos.

Y por supuesto, remar, remar y remar. En la dirección que sea. Dónde estabas, ya no te puedes quedar. Así que no queda otra que avanzar. Me quedo con esta frase que me dice mi padre durante nuestra conversación. La nombra cuando le pregunto cómo afrontó la posibilidad de no ser renovado. Pero la pongo ahora porque la quería dejar como frase final: “donde quiera que estés, es donde tienes que empezar. La diferencia del mañana, radica en el esfuerzo de hoy”.

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4 comentarios
  • Isabel Castells 18 marzo, 2019 at 18:14

    Qué emotivo Ares!!! Y qué valentía la de tu padre!!! Seguro que sí echa la vista atrás puede sentirse orgulloso de todo. Un fuerte abrazo.

    • Ares Zamora Psicología 20 marzo, 2019 at 18:09

      Mil gracias Isabel. Leí tu comentario el otro día pero no me había dado tiempo a contestarte. Sí…la verdad es que sí. ¡Una buena lección! Un abrazo muy grande 🙂

  • Qué gran frase «La diferencia del mañana, radica en el esfuerzo de hoy”.Un ejemplo práctico de resiliencia. Bravo!

    • Ares Zamora Psicología 24 abril, 2019 at 16:54

      Albert, a estas alturas te respondo… jajaja Todavía me estoy ubicando con todo lo de la web. Muchísimas gracias por tu comentario 🙂

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