El síndrome postvacacional no existe

El síndrome postvacacional no existe

El síndrome postvacacional no existe 3024 4032 Ares Zamora Psicología

“Consejos para superar la depresión post vacaciones”. “Cómo enfrentarte al síndrome postvacacional”. Y unos cuantos más, son titulares que abundan estos días. Seguramente porque es fácil identificarte con ellos. Pero la realidad es que esos síndromes y esa depresión, no existen. Estar triste no es tener depresión. La depresión es algo serio. Por eso me parece importante aclarar este concepto, porque caer en la trampa de patologizar la normalidad es muy imprudente. A todos nos encanta ir de vacaciones. En vacaciones todo sucede a otro ritmo, descansas, disfrutas y haces lo que realmente te apetece. Así que, que cueste volver de estas, es normal. Pero eso es una cosa, y otra muy distinta es que la vuelta se convierta en un auténtico drama. En ese último caso, quizás el asunto no esté tanto en el hecho de que terminan las vacaciones en sí, sino en que igual hay algo en tu rutina y en tu día a día que no va bien. Y ese malestar te avisa de que hay que hacer algo para cambiarlo.

Si viviésemos en unas vacaciones eternas las acabaríamos aburriendo. No las valoraríamos tanto. En cambio, añadir elementos de disfrute en la rutina, no solo es mucho más fácil y viable, sino que es una forma de no necesitar las vacaciones de forma desesperada para poder respirar y coger aire. Ir respirando durante el año, también es posible. Además de necesario.

Con todo esto, he preparado los siguientes tips para afrontar septiembre de una forma más útil y agradable. Ahí van:

  1. Si la vuelta es un drama… Pregúntate qué va mal o qué te gustaría cambiar. ¿Qué falla en tu vida? ¿Qué es lo que menos soportas de la vuelta? Si la respuesta es un hecho que depende de ti, igual es hora de empezar a tomar decisiones. Quizás no tienes tiempo para ti o para hacer deporte. En ese caso, igual es conveniente quitarse horas de televisión o redes sociales para reestructurar tu horario. Cuestión de posibilidades, pero también de prioridades. Puede ser que la decisión dependa en parte de ti, pero no sea algo fácil de ejecutar al momento. Por ejemplo, que no te guste nada tu trabajo y quieras cambiar a otro. Seguramente no van a salir ofertas de un día para otro, pero quedarse quieto tampoco hará que lleguen. Planifica, elabora un plan de acción con pequeños objetivos y pasos que te acerquen a tu meta. Si te mueves, van a llegar oportunidades que no lo harían si te quedas quieto.  Cabe también la posibilidad de que el cambio no dependa de ti o no puedas hacer nada en este momento. Por tu situación, porque es algo externo o porque por el momento no queda otra. Como cuando te toca vivir con incertidumbre por algún asunto. En este caso, poner la atención ahí no hará que cambies nada, ni puedas controlar nada. Por eso mismo, lo útil es alejarse de ese tipo de pensamientos recordándote que no depende de ti y por tanto, no tiene sentido dedicarle tiempo, desviando a continuación tu atención a otras cosas, tareas y asuntos.
  2. Prepara “la vuelta al cole” con unos días de antelación. Es cierto, a veces se llega y te reincorporas a la rutina como se puede. Pero si tienes opción de escoger, escojamos la opción de no-estrés. Durante las vacaciones se tiene activado el modo relax, entonces, ¿por qué no preparar la vuelta del mismo modo? Se puede planificar y preparar todo unos días antes, con tranquilidad. Eso hará que la vuelta no sea tan brusca y nos podamos adaptar con más tranquilidad.
  3. Reserva espacios para ti y busca elementos de disfrute. Estamos de acuerdo, no puedes estar todo el día tirado en la playa, refrescándote en una piscina ni haciendo siestas que se van de las manos. Pero de ahí a castigarse con la rutina más pura y dura, va un trecho. El día tiene muchas horas, y siempre se puede buscar algún hueco que te permita respirar. No solo el fin de semana. Así que cuando planifiques tu semana y tus días, reserva espacios para ti. Para cuidarte, para recargar pilas y sobre todo, para disfrutar. No esperes a las vacaciones para leer esas historias que enganchan. Busca ratitos durante la semana en los que puedas hacerlo. Quizás no puedes estar dos horas leyendo una novela, pero mejor quince minutos que nada. Esos quince minutos que pueden parecer una tontería, te ayudan a respirar, a coger aire y a sentir que el día a día también tiene su encanto si así lo planificamos.
  4. Entiende tus emociones. Haz la lectura adecuada. No tienes depresión por estar de bajón en septiembre. No eres tampoco raro por no volver motivado. Habrá quien vuelva motivadísimo, con muchas ganas y proyectos, y habrá quien no le apetezca nada. No pasa nada. Las emociones están para lo que están, y hay que escucharlas. Además de normalizarlas. Entender que estás triste porque vas a echar de menos el verano que has pasado y que no pasa nada por sentirse así, es normal. Esa emoción no tiene por qué incapacitarte, se pueden hacer muchas cosas aun estando triste. Si le damos su espacio, igual que ha llegado, se irá.
  5. Háblate en términos que te ayuden. A ti, a los tuyos… Verbalizar lo horrible que es volver a la rutina no solo no te ayuda, sino que añade más leña al fuego. Ten paciencia contigo, con los niños y con las personas de tu alrededor. Y conviértete en un aliado, no en un enemigo. No es lo mismo decir: “odio madrugar y terminar a las 19h” que “me gusta el parón del café y ponerme al día con mis compañeros”. En ambos casos madrugas, hecho que no te gusta, pero en el segundo caso pones el foco de atención en algo que sí te gusta. Ya que el madrugar no lo puedes cambiar (ni tiene por qué gustarte), póntelo fácil y centra tu tiempo y energía en aquellas cosas que te hacen sentir mejor. Seguro que lo agradeces.

No me gustaría terminar este artículo sin hacer referencia a que todo esto, seguramente no ocurriría si no hubieses tenido vacaciones. Y eso me hace pensar que igual es más útil cambiarse del bando de la queja al del agradecimiento. Hay gente que no tiene trabajo, que lo tiene precario o incluso que no va a poder disfrutar en su vida de las vacaciones que tú has tenido. Quizás es más justo observarte como alguien afortunado, en vez de como un pringado.

 

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